La tan pueril como violenta defensa mediática de la vicepresidenta es la demostración más clara de una persona sin escrúpulos y desesperada
es el último eslabón de un proceso que lleva seis años. Ya en 2016, el juezpor considerarlacoautora penalmente responsable del delito de asociación ilícita en concurso real con el de administración fraudulenta agravada por haberse cometido en perjuicio de la administración pública.
luego de conocido el fundado alegato de los fiscales, que pidieron para ella una pena de 12 años de prisión e inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos. Se trató de. Fue una tan inexplicable como exultante muestra de poder realizada desde el Senado de la Nación, lugar que no debería utilizar para defenderse de delitos de corrupción.
Le queda todavía la etapa de alegato de las defensas y la posibilidad de volver a hablar hacia el final del trámite judicial. Pero prefiere desviar el foco Haber sostenido que esta causa en la que está procesada como jefa de una asociación ilícita responsable de defraudación al Estado es “” es un mensaje más para el adentro de su partido que para el afuera: necesita que sus compañeros de ruta apuntalen su tergiversación de los hechos, apañando el burdo invento conceptual del, victimizándose junto con ella y denunciando proscripción.