Javier Milei mantiene un perfil bajo mientras Brasil define su futuro político en las elecciones del domingo. La relación con Lula da Silva sigue tensa.
El presidente de Argentina, Javier Milei, ha optado por un silencio casi total en las semanas previas a las elecciones presidenciales de Brasil, que se celebrarán el próximo domingo. Tras haber apoyado en la convención del Partido Liberal de San Pablo la candidatura de su aliado Flávio Bolsonaro y haber insultado al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Milei se llamó a silencio y espació su respaldo al rival del mandatario brasileño. La decisión de no inmiscuirse directamente durante buena parte de la campaña ha sido una estrategia del Gobierno argentino, aunque desde el Ejecutivo evitaron explicar las razones.
Milei y todo su gobierno estarán atentos a los comicios del domingo, que podrían comenzar a definir si el país más grande del continente y socio principal del Mercosur se suma o no a la llamada ola azul de gobiernos de derecha, o si permanece como un bastión de la izquierda, lejos del eje que lidera el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Contexto de la relación bilateral
La relación entre Milei y Lula da Silva ya no tiene retorno, según fuentes diplomáticas. El vínculo fue reducido por decisión de Brasilia al nivel de encargados de negocios, y los embajadores de ambos países esperan instrucciones para regresar a sus puestos. Los contactos institucionales continúan, pero la desconfianza mutua persiste.
Una fuente que conoce de primera mano el vínculo bilateral señaló que a nadie le conviene que esto escale, ni a los empresarios ni a los gobiernos. Sin embargo, Milei volvió a atacar a Lula en una entrevista con el diario francés Le Point, publicada esta semana, donde lo acusó de ladrón y expresó grandes esperanzas de que su amigo Flávio Bolsonaro gane las elecciones presidenciales de octubre para llevar adelante el saneamiento liberal indispensable.
Reacciones y silencio de Lula
Lula, metido de lleno en la campaña por su reelección en la que eligió a Trump como principal rival, no le contestó directamente a Milei. Solo aludió al complejo de inferioridad de los presidentes de América Latina que se sumaron al Escudo de las Américas impulsado por el presidente norteamericano.
El periodista de Folha de San Pablo, Ricardo Della Coletta, afirmó que Milei no tuvo influencia en esta campaña y que Lula prefirió pelearse con Trump. A nivel técnico se sigue trabajando y mucho, según una voz autorizada de la gestión libertaria.
El embajador argentino en Brasil, Daniel Raimondi, a quien Brasil echó a principios de agosto, participó durante el fin de semana de la Feria Internacional de Turismo (FIT) en la Rural, con la esperanza de regresar a Brasilia, cualquiera sea el resultado de la primera vuelta electoral. Lo mismo ocurre con Julio Bitelli, el embajador de Brasil en Buenos Aires, que aguarda nuevas instrucciones a partir de que el panorama electoral comience a aclararse.
Gesto de distanciamiento y señales de normalidad
Las asperezas siguen ganando la batalla. El 8 del mes pasado, los hermanos Milei dieron la orden a sus funcionarios de no concurrir a los festejos por la independencia de Brasil, organizados en el Teatro Colón. Ningún alto funcionario argentino concurrió a la cita, salvo el sherpa argentino en el G20, Federico Pinedo; el diputado nacional karinista Sebastián Pareja y la ex canciller Diana Mondino, que parecían no haber sido avisados sobre el veto presidencial.
Eduardo Uziel, el encargado de Negocios de Brasil en Argentina, dijo entonces con tono tranquilo pero crítico que tenemos una amistad de más de 200 años, más fuerte que cualquier mezquindad o temporaria miopía. Unos días antes, la presencia de representantes brasileños del Mercosur en la reunión del Grupo Mercado Común en el Palacio San Martín, donde trataron el acuerdo comercial y de inversiones con Vietnam, representaba una señal de normalidad en el vínculo, al menos en lo que hace a la agenda del bloque regional.
La posterior reunión de cancilleres del Mercosur, en Montevideo, fue otro paso adelante en el camino de la lenta reconstrucción del vínculo, aunque la desconfianza mutua entre Milei y Lula da Silva siga vigente, y lo estará al menos hasta que las urnas decidan, en la primera vuelta o en el ballotage del 25 de octubre, si el actual presidente o su desafiante derechista será el interlocutor del país en los próximos años. La falta de interlocutores del Gobierno con la gestión de Lula da Silva convierte a la elección en una apuesta a todo o nada por Bolsonaro.
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