Desde que llegó el entrenador en marzo, le cambió la cara a un equipo que, cuando comenzaba el Apertura, no se hubiera imaginado en la final.
describió el escenario en el que asumió como"Vietman", el deté lo hizo consciente de que en aquel 4 de marzo pocos optimistas imaginaban que este equipo iba a terminar jugando una final.
Sin embargo, ahí estáotra vez. Revirtiendo una situación crítica que parecía crónica, empujado por la rebeldía y el carácter, con un fútbol que de a ratos emerge todavía sin brillar. Y en gran parte, la llegada de Chacho significó un rebranding futbolístico y emocional que dejó atrás la sensación de ciclo agotado para edificar un equipo que compite. Antes de la salida de Marcelo Gallardo, River transitaba uno de los momentos más oscuros de los últimos tiempos.
Estaba 12° en la tabla anual, fuera de la zona de copas internacionales y 5° en su grupo. Había convertido apenas ocho goles —uno por partido— y recibido siete, con una imagen de fragilidad que atravesaba cada línea del equipo. Pero el problema más profundo era emocional: el equipoLos delanteros acumulaban sequías largasparecía depender únicamente de apariciones aisladas .
El entusiasmo por el sprint inicial con Marcelo Gallardo se diluyó con el lapidario 1-4 frente a Tigre en el Monumental. A partir de ahí, el derrumbe fue total. Ni siquiera el triunfo 1-0 ante Ciudad de Bolívar por Copa Argentina logró despejar las dudas.
Después llegó una victoria frente a Banfield con la sensación de que el ciclo ya estaba terminado y que el año empezaba a parecer peligrosamente largo. El anuncio de la salida deel 23 de febrero a la hora de la cena comenzó a descomprimir. La despedida posterior reveló que la relación íntima estaba rota. En ese contexto llegó Chacho.
Entendió rápidamente que antes de encontrar brillo futbolístico, River necesitaba salir de la oscuridad. No prometió revoluciones ni fórmulas mágicas. Apostó por reconstruir la confianza del plantel, bajar tensiones y devolverle energía competitiva a un grupo golpeado. Desde lo discursivo, Coudet instaló un clima mucho más liviano y descontracturado, incluso apelando al humor como herramienta para liberar presión.
Esa impronta se trasladó al vestuario y terminó de consolidarse durante la mini pretemporada en Cardales, donde el plantel pareció resetearse por completo. Desde la llegada de Coudet, el equipo disputó 15 partidos: ganó 12, empató uno y perdió apenas dos, alcanzando un impactante 80% de efectividad. Pasó a ubicarse segundo tanto en su zona como en la tabla anual y mostró una evolución marcada en todas las estadísticas relevantes.
Duplicó su producción ofensiva, con 24 goles convertidos —1,6 por partido— y redujo considerablemente los tantos recibidos: apenas ocho, con un promedio de 0,53 por encuentro. Además, logró siete vallas invictas, una muestra clara de la solidez que antes no tenía. Pero el crecimiento va más allá de los datos duros. También hubo una recuperación individual que terminó potenciando al colectivo.
Hasta el partido frente a Rosario Central, Sebastián Driussi volvió a ser decisivo con siete goles. Facundo Colidio aportó cuatro tantos y Maximiliano Salas sumó dos conquistas importantes , incluida aquella agónica para vencer a Bragantino en Brasil. River dejó de depender exclusivamente de alguna inspiración individual de Juan Fernando Quintero y empezó a construir desde una lógica colectiva mucho más agresiva y decidida.
En medio de las urgencias y las lesiones, Coudet apostó fuerte por los pibes, convencido de que en escenarios complejos son quienes juegan con menos peso emocional. Esa frescura le aportó intensidad y variantes a un plantel corto, que igualmente sigue evidenciando limitaciones. , y también dejaron en evidencia que el equipo todavía necesita refuerzos para consolidar definitivamente este proceso. River todavía está lejos de ser un equipo perfecto o dominante.
No arrasa desde el juego ni transmite una superioridad absoluta. Pero recuperó algo que parecía perdido: el pulso competitivo, la confianza y la sensación de que puede pelear. Porque quizá el equipo todavía no haya encontrado un paraíso futbolístico, pero al menos dejó atrás aquel escenario hostil y lleno de explosiones internas que amenazaba con devorarlo todo. Y ahora, buscará lo que hasta hace un tiempo era impensado: coronar.
River, hoy EN VIVO: la final, cómo piensa la semana Coudet y últimas noticias de este lunes 18 de mayoMirá tambiénTemas que aparecen en esta nota:
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