El delincuente también fue inhabilitado por algunos años para ejercer cargos públicos y su profesión.
El delincuente también fue inhabilitado por algunos años para ejercer cargos públicos y su profesión. El enfermero del Policlínico PAMI II de Rosario fue condenado.
Un enfermero del Policlínico PamiII, de la ciudad santafesina de Rosario, fue condenado a cuatro años y seis meses de prisión por vender en internet fentanilo, bromuro de vecuronio y otras sustancias medicinales peligrosas que robaba de su trabajo, La condena fue dictada en el marco de un acuerdo pleno celebrado entre los representantes del Ministerio Público Fiscal y la defensa del condenado. El delincuente reconoció los hechos, su participación, los elementos de prueba en los que se sustentó la acusación, la calificación legal y la pena propuesta por la fiscalía.
El acuerdo fue homologado en una audiencia ante el juez federal Carlos Vera Barros. Benavídez fue condenado como autor de comercio de estupefacientes , venta de sustancias medicinales peligrosas para la salud disimulando su carácter nocivo , hurto y tenencia ilegítima de arma de fuego de uso civil .
Además fue inhabilitado por cuatro años y medio para ejercer cargos públicos y su profesión. La investigación comenzó a partir de la denuncia presentada por el padre de E.G.M. , un hombre de 37 años que murió en 2023 luego de haber consumido distintas sustancias. El denunciante señaló al enfermero como quien le había suministrado fentanilo y bromuro de vecuronio, ambas, sustancias de exclusivo uso intrahospitalario.
El hombre entregó, entre otros elementos, el teléfono celular de su hijo, capturas de conversaciones mantenidas con el enfermero y un video grabado por la pareja de su hijo, en el que se observaba a él descompuesto y una ampolla de fentanilo que había encontrado en el domicilio. La autopsia concluyó que no podía descartarse una relación de la muerte con causas toxicológicas, aunque estableció como indeterminada la causa del fallecimiento. Con esos elementos, la investigación provincial fue archivada.
La denuncia ante la Justicia federal permitió entonces orientar la pesquisa hacia el vínculo entre E.G.M. y el enfermero y, en particular, hacia la presunta comercialización de las sustancias que aparecían mencionadas en sus comunicaciones. Entre las evidencias incorporadas al legajo se encontraron conversaciones de WhatsApp entre E.G.M. y Benavídez, cuyo número telefónico estaba registrado en el celular del fallecido. En uno de los intercambios, el enfermero le informó que había conseguido bromuro de vecuronio.
Ante la consulta sobre si era más fuerte que el fentanilo, respondió: “Obvioooooo”. Luego, frente al pedido de más fentanilo, el enfermero le indicó que tenía ampollas disponibles y agregó: “El fenta a 100”, en una referencia que la fiscalía interpretó como el precio de la sustancia. También le dijo que debía concretar la operación ese día porque tenía otro comprador. La evidencia incluyó además un audio de 17 segundos enviado por Benavídez poco antes del fallecimiento.
Allí le daba indicaciones precisas sobre cómo administrar el contenido de las ampollas y le advertía sobre el riesgo de una sobredosis.
“Ey, Colo, escuchá. Preparate la ampolla acordarte del diez, con dos ampollas de esas, y después sacá un centímetro y volvele a cargar con una ampolla porque va a quedar muy concentrada y te vas a pasar para el otro lado, y hacete de a poco, cualquier cosa avísame”, se escucha decir al enfermero.
Después de ese audio, el enfermero volvió a enviar mensajes con emojis de asombro y de gestos requiriendo atención, para obtener una respuesta de su interlocutor, pero este no llegó a contestarlos: fue hallado muerto en su domicilio.
“Lamentablemente E. nunca pudo contestar esos mensajes. Lo encontraron en su departamento sin vida con una jeringa y un frasco de vecuronio”, había explicado el fiscal Mené sobre el desenlace fatal, en la audiencia de formalización del caso realizada el año pasado. El análisis forense realizado sobre el teléfono de la víctima permitió además corroborar que el número utilizado por Benavídez figuraba entre sus contactos y reconstruir comunicaciones entre ambos durante el período investigado.
Incluso, los peritos informáticos descubrieron que la propia víctima había realizado una búsqueda sobre el vecuronio, de donde surgía que es la droga empleada en la denominada inyección letal, aplicada en la pena de muerte en Estados Unidos. La investigación permitió establecer que Benavídez no tenía, entre sus tareas laborales, la custodia de fármacos ni estupefacientes.
Por ese motivo, la fiscalía consideró que la sustracción de los medicamentos de su lugar de trabajo debía ser encuadrada como hurto y no como malversación de caudales. La trazabilidad de los medicamentos secuestrados permitió vincularlos con partidas que habían ingresado al Policlínico Pami II. En particular, el fentanilo Denver Farma había sido entregado a la institución en 2021, mientras que el fentanilo Kilab había ingresado en junio de 2023.
También se pudo establecer el origen institucional de los frascos de bromuro de vecuronio. Del asalto a la condena en 46 días: 5 años de prisión para ladrón que atacó a chofer de Uber
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