El destacado geógrafo analizó los escenarios muy diferentes que se abrirían en el país sudamericano con la continuidad de Lula en el gobierno o una eventual victoria de Flavio Bolsonaro.
Desde San Pablo La trayectoria académica, profesional e investigativa de Vitor de Pieri es amplísima y abarca varias áreas de interés. Un solo antecedente –entre muchos otros– lo aproxima a la Argentina.
Tiene un posdoctorado en el Instituto Gino Germani de la UBA. Como doctor en Geografía por la Universidad de Campinas y con un máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bolonia, sus trabajos de divulgación los canaliza hoy a través de la Red Mundus, un espacio multidisciplinario que lidera. Página/12 dialogó con él sobre las elecciones de este domingo en Brasil y si se ratifica o no su rumbo geopolítico.
- ¿Cuáles serían las perspectivas de Brasil si Lula ganara las elecciones y cuáles si no fuera reelegido y lo derrotara Flavio Bolsonaro? - Estamos ante dos escenarios de inserción internacional de Brasil bastante diferentes.
Una victoria de Lula tendería a representar la continuidad de una política exterior basada en lo que los profesores Tullo Vigevani y Gabriel Cepaluni llamaron “autonomía mediante la diversificación”; esto significa mantener relaciones pragmáticas con Estados Unidos sin alineamiento automático, profundizar la asociación económica con China sin convertirla en subordinación política, valorar los acuerdos regionales de integración en América Latina y fortalecer los BRICS y la cooperación Sur-Sur como instrumentos para ampliar la capacidad de negociación brasileña en un orden internacional cada vez más disputado. Una eventual victoria de Flávio Bolsonaro apuntaría a una orientación distinta, de gran subordinación a los intereses de Washington, especialmente en materia de seguridad hemisférica y competencia estratégica con China.
Sin embargo, existiría una contradicción material: el peso de China en la economía brasileña no se elimina por decreto. Beijing ocupa una posición estructural en el comercio exterior del país. -¿Qué ha cambiado para Brasil desde que EE. UU. profundizó su ofensiva sobre nuestra región?
- América Latina ha vuelto a situarse en el centro de la disputa geopolítica mundial. Tras décadas en las que otras regiones ocuparon una posición prioritaria en la estrategia global de Washington, Estados Unidos ha vuelto a tratar al Hemisferio Occidental como un espacio prioritario en su competencia global, sobre todo ante el ascenso de China y su creciente presencia en una región históricamente estratégica para el poder estadounidense.
No se trata solo de una disputa ideológica contra gobiernos de izquierda. Existe una dimensión material mucho más profunda: litio, petróleo, cobre, tierras raras, minerales críticos, biodiversidad, alimentos, energía, rutas marítimas, infraestructura digital. En un mundo marcado por la transición energética y la competencia tecnológica. - ¿Cómo analiza las relaciones diplomáticas con los demás países de América del Sur que se alinearon con Trump?
- América del Sur vive una paradoja histórica: cuanto más importante se vuelve geopolíticamente, más fragmentada parece políticamente. El Mercosur, la Unasur y otros mecanismos regionales han dependido excesivamente de las afinidades ideológicas entre gobiernos. Llegan gobiernos progresistas y construyen una determinada arquitectura; llegan gobiernos conservadores y desmantelan parte de ella; luego se produce una nueva alternancia y comienza otro ciclo. El acercamiento de los gobiernos sudamericanos a Washington no constituye, en sí mismo, un problema.
Todo país tiene derecho a establecer sus propias alianzas y prioridades. El problema surge cuando cuestiones estratégicas que podrían negociarse colectivamente pasan a negociarse de forma aislada. Una América del Sur fragmentada negocia bilateralmente con Estados Unidos y China. Una América del Sur articulada negocia con ambos desde una posición de poder diferente.
- ¿Cómo observa la relación bilateral con Argentina? - Para mí, Brasil y Argentina constituyen la relación bilateral estructuralmente más importante de América del Sur. Afirmo esto también a partir de una relación académica e intelectual muy estrecha con Argentina, donde realicé estudios de posdoctorado en la Universidad de Buenos Aires. Los dos países llevaron a cabo una transformación geopolítica extraordinaria.
Durante décadas operaron bajo hipótesis de rivalidad estratégica y lograron —sobre todo a partir de la redemocratización— construir confianza, cooperación nuclear, integración económica y, posteriormente, el Mercosur. - Transformamos la rivalidad en interdependencia. Y eso tal vez haya sido uno de los mayores logros geopolíticos de la América del Sur contemporánea.
- Por ello, considero especialmente preocupante cuando esa construcción histórica queda supeditada a la relación personal entre presidentes o, lo que es aún más grave, cuando la política exterior pasa a organizarse en función de las afinidades ideológicas de cada gobierno. El deterioro reciente fue palpable.
Javier Milei volvió a atacar públicamente a Lula —incluso después de participar en un acto de campaña junto a Flávio Bolsonaro— y Brasil decidió mantener su representación en Buenos Aires al nivel de encargado de negocios. - ¿Cuál es la importancia de una victoria de Lula este domingo para la consolidación y el futuro de los BRICS? - Los BRICS no son una OTAN antioccidental. Tampoco son simplemente un foro económico irrelevante.
Son una expresión institucional de una transformación real en la distribución internacional del poder. Sus integrantes poseen enormes diferencias políticas, económicas y estratégicas. Esto hace que el fenómeno sea aún más interesante. Es precisamente ahí donde Lula cobra una importancia particular.
Brasil no es una superpotencia militar, no posee armas nucleares y no pretende construir su proyección internacional a partir de la fuerza. Nuestra capacidad de influencia deriva de otros activos: territorio, población, recursos naturales, producción agrícola, energía, mercado interno, capacidad diplomática y una tradición de diálogo con diferentes polos del sistema internacional. Lula comprende esta característica del poder brasileño.
Su política exterior busca utilizar simultáneamente diferentes espacios —BRICS, G20, Mercosur, relaciones con la Unión Europea, Estados Unidos, China, África y demás países del Sur Global— para ampliar los márgenes de actuación de Brasil. - ¿Qué cambios importantes observó en el interior de su país con la llegada del siglo XXI y el ascenso del PT? - Como geógrafo, comenzaría con una salvedad metodológica: sería incorrecto atribuir todas las transformaciones territoriales de este siglo a un único partido.
El territorio brasileño fue transformado por la urbanización, el ascenso de China, el ciclo de las materias primas , la expansión de la agroindustria y la minería, las telecomunicaciones, los cambios demográficos y las políticas públicas. Pero, hecha esa salvedad, considero igualmente equivocado minimizar la transformación territorial producida por el ciclo político iniciado con la llegada de Lula y del PT al gobierno federal en 2003. Para comprender su dimensión, debemos recordar de qué Brasil estamos hablando. - ¿De cuál?
- Al inicio de aquel ciclo, las desigualdades regionales eran brutales. En 2003, el 77 por ciento de los municipios del Nordeste tenía a más de la mitad de su población viviendo en la pobreza. El país era profundamente desigual no solo socialmente, sino también territorialmente: las oportunidades, las universidades, la infraestructura, los ingresos y los servicios públicos estaban extraordinariamente concentrados. Los gobiernos del PT comenzaron a modificar esa geografía.
Y esta es una cuestión que considero fundamental: el PT no llevó a cabo solo políticas sociales; implementó políticas con profundos efectos territoriales. El programa Bolsa Família es un excelente ejemplo.
Aunque a menudo se analiza únicamente como una transferencia de ingresos, también posee una dimensión territorial: cuando los recursos llegan regularmente a las familias pobres de una pequeña ciudad del Nordeste, de la Amazonia o del interior de Minas Gerais, circulan en el comercio local, en la farmacia, en el supermercado, en el mercado y en los servicios.
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